¿Quién defiende a los que no pueden defenderse? / Ruelas
Aguascalientes, abril 15 (2026).-Sin duda, lo hará Somos MX con alta responsabilidad social.
La estabilidad monetaria ha sido, desde finales del siglo XX, el cimiento sobre el cual se reconstruyó la arquitectura macroeconómica de México. Sin embargo, en un entorno de bajo crecimiento, presiones sociales por abaratar el crédito y finanzas públicas tensas, la política monetaria comienza a operar bajo límites que no provienen de su mandato constitucional, sino de las necesidades fiscales del gobierno. Es aquí donde emerge la predominancia fiscal, un fenómeno descrito con precisión por Thomas Sargent y Neil Wallace en “Some Unpleasant Monetarist Arithmetic” (1981), la desagradable aritmética monetarista: cuando la política fiscal domina, la política monetaria pierde capacidad para controlar la inflación, sin importar cuán disciplinado sea el banco central.
Eric Leeper, por su parte, profundizó esta idea en “Equilibria Under ‘Active’ and ‘Passive’ Monetary and Fiscal Policies” (1991), sobre las políticas monetarias y fiscales, muestra que la interacción entre ambas políticas define quién determina realmente el nivel de precios. Cuando, como ocurre en nuestro país, el Banco de México, se ve obligado a considerar la sostenibilidad de la deuda pública, su autonomía se vuelve condicional. Y cuando esa condición se normaliza, la política monetaria deja de ser un instrumento antiinflacionario para convertirse en un mecanismo de financiamiento implícito del gobierno.
Pero la predominancia fiscal no es solo un fenómeno macroeconómico: es un dilema ético. Obliga a repensar la responsabilidad social del banco central como un compromiso con quienes no tienen voz en las decisiones macroeconómicas. Aquí es donde la responsabilidad ilumina lo que está en juego.
Emmanuel Levinas sostiene que la responsabilidad es anterior a cualquier contrato: “soy responsable del otro más allá de lo que yo mismo he hecho”. Nos revela que el banco central tiene una obligación moral hacia quienes no pueden protegerse de la inflación, aunque no haya causado directamente el problema. Hans Jonas, en El principio de responsabilidad, advierte que el poder moderno exige una ética orientada al futuro: toda institución con capacidad de afectar generaciones debe actuar pensando en ellas. La inflación persistente y la erosión de la autonomía monetaria son costos intergeneracionales.
Paul Ricoeur aporta otro matiz: la responsabilidad implica imputación justa y transparencia. Para un banco central, esto significa que advertir, explicar y rendir cuentas no es un acto técnico, sino un deber ético. Jürgen Habermas,nos recuerda que la legitimidad institucional surge del discurso racional y público; en predominancia fiscal, el silencio del banco central también es una decisión política. Amartya Sen y Martha Nussbaum completan el cuadro: las instituciones deben evaluarse por su impacto en las capacidades humanas y en la protección de los más vulnerables. La inflación erosiona capacidades básicas —alimentación, movilidad, ahorro— y golpea con mayor fuerza a quienes no tienen activos indexados ni mecanismos de defensa.
Desde la economía, Milton Friedman lo expresó con contundencia: “la inflación es un impuesto sin legislación”. Joseph Stiglitz ha insistido en que sus costos recaen desproporcionadamente en los hogares sin patrimonio financiero. Kenneth Rogoff, en su teoría del “banco central conservador”, argumenta que la independencia monetaria existe precisamente para evitar que presiones políticas de corto plazo generen costos sociales de largo plazo.
¿Quién paga la factura de la predominancia fiscal?Pagan los hogares que viven de ingresos fijos, cuyos salarios pierden poder adquisitivo. Pagan las clases medias formales, sujetas a una doble presión fiscal. Pagan los ahorradores y pensionados, cuyos rendimientos reales se vuelven negativos. Pagan los jóvenes, que heredarán un Estado más endeudado y con menos margen de maniobra. Y paga también la propia institución monetaria, cuya credibilidad es un activo que, una vez deteriorado, es difícil y costoso de reconstruir.
La predominancia fiscal, vista desde la economía y la filosofía, revela una verdad incómoda: cuando la política monetaria deja de ser autónoma, los costos recaen sobre quienes menos capacidad tienen de influir en las decisiones que los afectan. Por eso, la responsabilidad social del banco central no es un adorno conceptual, sino un principio rector. Consiste en decir la verdad económica incluso cuando el entorno político preferiría el silencio, y en actuar con la convicción de que la estabilidad monetaria es un bien público que pertenece a todos, especialmente a quienes no pueden defenderse.
Karl Marx vería la predominancia fiscal en México como un mecanismo mediante el cual el gobierno y el banco central gestionan la crisis del capital transfiriendo sus costos a trabajadores, clases medias y generaciones futuras. Karl tubo claro que la inflación es un impuesto regresivo que recae sobre trabajadores y clases medias. En ese sentido la predominancia fiscal convierte al banco central en instrumento para descargar la crisis sobre quienes viven de un salario. El oficialismo está usando la política monetariacon cargo y a costa del pueblo.
¿Primero los pobres?