Opiniones 

Es tiempo de auditoría política /Ruelas

El año 2021 nos llama a una arremetida de inspiración democrática. Lo haremos formalmente el día 6 de junio, por vía de un presente “per-fecto”, por la razón que existe en el estado de derecho y en el campo histórico, su herencia ha sido la transformación de votos en poder público de manera civilizada en la reproducción de gobiernos. No es solo realizaciones y acontecimientos, sino un fino hilado de decisiones que los conecta. El cuerpo electoral, auditores políticos decidirán en tiempo y forma. Este presente “per-fecto” no se confunde, no es instantáneo, ni soluble, es institucional, funcional. El Sistema Nacional de Elecciones integra autoridades de los ámbitos federal y estatal, un grupo excepcional de profesionales que sirven a la Patria mediante un entramado normativo que une proyectos con hechos y produce satisfacciones políticas.

La ciudadanía es convocada para proyectar el porvenir. Es tiempo de revisar los discursos, las propuestas, las coherencias y las incompatibilidades… El tiempo en lo político es apasionante. Apenas deja el pasado inicia el “Por-venir”, en su sentido directo y principal. El “por-venir” se relaciona con el presente por vía de procedimiento y administración electorales, las voces políticas de actores, ciudadanía, jueces, medios de comunicación, construyen la perfección institucional dada su naturaleza siempre inacabada. Es preciso evaluar lo realizado, su alcance, sus consecuentes, hacerse cargo del conflicto, este Proceso Electoral es claro ejemplo, surgen los instrumentos institucionales para medir el alcance y el significado de la responsabilidad y el trazo futuro desde la ciencia electoral.

Unir el tiempo es como lo dice Leduc, “una sabia virtud”. Por ejemplo, hay una diferencia histórica entre las elecciones de 1991 y las de 2021, año de excepción para la decisión política más importante y compleja. La diferencia históricamente no se agota en el punto de vista de las reformas políticas o avances tecnológicos. Pareciera que las últimas son más importantes, pues no lo son, dado que conocemos las consecuencias de la nueva época democrática. La importancia histórica se mide con el estetoscopio del porvenir, desde el cómo se diseña el futuro en clave democrática.

El procedimiento electoral nos convoca para que juntemos las formas diferenciadas del tiempo. Los procesos electorales antes del 2021 son “ahora ya no”, los de los años 2022, 23, 24…, son “ahora todavía no”, son perspectivas desde el ahora. Cuando me refiero al porvenir “per-fecto”, me refiero al porvenir que conforman y realizan los actores políticos, los profesionales de la organización y jurisdicción electorales. El “por-venir” no puede ser vacío, amorfo, caótico, atender y prever proyectos en políticas públicas es manera de hacerle frente, incluido al azar. Ordenar la realidad desde el régimen del Derecho.

Las instituciones no son cíclicas ni milenarias, tampoco los seres humanos, menos en la política, aquí los ciclos se documentan de otra forma, con conocimiento y ética. Cuando al comportamiento se le agota la manifestación del carácter surge la voz de la norma que es lenguaje entre iguales, es la gramática electoral que comunica y unifica, con esas voces se instala la cultura que es cualidad del porvenir en un juego importante de la lógica del presente. El futuro electoral se sustenta en la planificación y la programación a escala social o política. El “por-venir” no se predice con encuestas, se especifica en propuestas de planes y programas que influirán en las decisiones sociales e institucionales que adjetivan las formas de gobernar. Estos postulados de futuro se diferencian de la especulación precisamente porque impactan la realidad efectiva del porvenir. Es simple: hay una diferencia entre una cabeza sin aureola, mente que debe informarse, pensar, decidir, como la de los mortales, y una con aureola que resalta la cabeza de un santo, que no ejercita las apelaciones ni las dudas. Nuestro plural no apuesta por un porvenir aureolar. El pueblo de México votará, tomará la decisión que su libertad y autonomía le concede para impulsar un porvenir “per-fecto”.

La conexión de las formas diferenciadas del tiempo es esencial en la vida compartida, en ellas se anida la esperanza. La esperanza es la clave de la decisión, la ruta que señala la voluntad popular. La esperanza es un concepto activo y proactivo, requiere examen de las condiciones y discursos del presente, se centra en la auditoría del pasado político, evalúa para premiar o castigar, lo ha realizado con libertad, prueba de ello son las alternancias en los poderes públicos. La esperanza no es un rezo, es plegaria que debate y participa, es el borrador de futuro que señala el electorado en su calidad de poder que manda. Es preciso que nadie viole las reglas del juego, que no se manipule el acto de elegir. La demagogia es cáncer de la democracia, ceguera de libertad, engaño popular. Es monologo del que pretende mandar sin derecho.

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