Instituto Tecnológico de Aguascalientes, 58º aniversario / Ruelas

Aguascalientes, octubre 07 (2025).- Para los ejidatarios de Ojocaliente, cuya generosidad hizo posible una verdadera transformación.

Desde 1967, Aguascalientes ha apostado por la educación científica y tecnológica como motor de desarrollo económico, social y cultural. La creación del Instituto Tecnológico Regional de Aguascalientes, hoy Instituto Tecnológico de México, campus Ags. (ITA), expandió programas de investigación y desarrollo, impulsó políticas públicas que le otorgan un lugar especial al Estado.

¿Qué conocimientos se hilvanaron desde Aguascalientes para el mundo? ¿Para quién y con qué propósito? Revisemos con visión contemporánea los frutos que el INSTITUTO ha cultivado para la ciencia, la tecnología, la ética, el mundo social y cultural de la sociedad universal.

Desde el principio, los cuerpos docentes humanistas del bachillerato fisicomatemático con carrera técnica, quedó claro que la ciencia no puede desligarse de la ética: “… La ciencia no busca agradar ni obedecer, sino comprender y servir a la verdad.” (K. Popper). Pioneros de alto nivel construyeron una cartografía del conocimiento para enfrentar la esperanza, la utopía, el porvenir, con proyectos desde las virtuosas togas de: Raúl Carranza, Enrique Morán, Antonio Morán, Miguel Gámez, Graciela Bosque, Antonio Sánchez López, Otila Gómez, Severo García, Antonio Juárez, Everardo Piña, Pascual Rogero, Julio Acosta, Jesús Hernández, Ramiro Hernández, Antonio Hinojo, J. Luz Luévano, Gerardo Morán, Miguel Romo, bajo la dirección de José Luis Hernández Osuna.

Junto a nuevas docencias y administradores, desmontaron la idea de que la ciencia descubre verdades objetivas. Más de 22 mil egresados tenemos claro que el conocimiento se construye en redes de actores humanos, cosas y palabras. Así lo comprobamos desde los laboratorios, esos espacios donde se negocia y estabiliza el saber.

Antes de las proclamas posmodernas, el ITA incluyó feminidad con virtud, oportunidad a personas con discapacidad, además de a estudiantes de la región; tempranamente fue abrazado por la biopolítica educativa, de marca propia, con garantía de que todos sean valorados y tengan acceso real al conocimiento. La gestión de fenómenos colectivos desarrolló modos y procesos solidarios con bases fácticas y metafísicas para intervenir en la vida de las poblaciones, basta recordar la inundación de Encarnación de Díaz…

Quienes nos formamos en el ITA supimos tempranamente que simular inteligencia no equivale a tener conciencia, lo advertíamos desde los servomecanismos y semiconductores que sin el ser humano no son nada. La educación que recibimos promovió tecnologías emergentes y ante la necesidad se adjuntó la filosofía de la mente en los planes de estudio. Los procesos y subprocesos nos hicieron comprender los límites éticos y ontológicos de todo tipo de inteligencia artificial. Basta recordar que desde las primeras computadoras que llegaron, evitaron una visión reduccionista de la inteligencia.

A docentes, administrativos, servicios generales, de casi 6 décadas, les rindo humilde homenaje por haber aplicado una partitura que ha impedido interpretaciones que desentonen con la ciencia y sean sensibles a la cultura local. El ITA integró saberes de la educación científica “a modo Aguascalientes”. Desde la docencia se impulsó un diálogo entre ciencia, tecnología, humanismo y sociedad. Se nos enseñó que la ciencia debe ser inclusiva, respetuosa y abierta a múltiples formas de entender el mundo de la vida.

Las primeras cosechas, sin duda, fueron sociales; los estudios nos emparentaron con la justicia social, base del desarrollo de capacidades humanas. Supimos que la educación científica debe formar personas empáticas, críticas y comprometidas con la democracia. No basta con enseñar técnicas; es necesario cultivar la imaginación moral, el pensamiento ético y la sensibilidad social. La ciencia florece cuando se humaniza. Formación y desempeño de “Entidades de interés público” y enriquecimiento del procedimiento electoral tuvieron origen en esas aulas con alcances sin fronteras.
Mediante el estudio científico, tecnológico, filosófico, se impulsaron clubes: lectura, oratoria, poesía y declamación, teatro, danzas y bailes, estudiantina, grupo musical, cuarteto de jazz … Educadores y educandos formamos una sociedad para interpretar la ciencia desde una perspectiva analógica que nos ayudó a evitar dogmatismos y relativismos. La historia lo dirá con juicio fundado, desde “el cerrito de la cruz” se impulsó la revisión de la convivencia con múltiples visiones del mundo. Una propuesta vigente que posibilita establecer puentes entre la ciencia moderna y los saberes tradicionales. La educación científica debe ser capaz de interpretar sin imponer, de dialogar sin excluir.

La educación científica y tecnológica en Aguascalientes ha avanzado notablemente en infraestructura, cobertura y especialización, y ha logrado altos niveles. Sin embargo, los desafíos éticos, sociales, culturales, del desarrollo y la economía persisten.

Mi evocación de las primeras aulas científicas y tecnológicas del ITA persigue tener una brújula para reorientar ciencias y tecnologías hacia la justicia, la inclusión y los valores. Formar profesionistas no es solo enseñar fórmulas y algoritmos, sino cultivar ciudadanos capaces de pensar críticamente, sentir compasivamente y actuar responsablemente. En este sentido, humanizar la ciencia es el verdadero desafío del siglo XXI.