¿Cómo recuperar un derecho constitucional secuestrado? / Ruelas

Aguascalientes, febrero 03 (2026).-Por siglos, la seguridad en los caminos ha sido un indicador del poder del Estado. En la Edad Media, los Caballeros Templarios se convirtieron en una fuerza de élite que protegía a los peregrinos en rutas peligrosas hacia Tierra Santa. Hoy, en pleno siglo XXI, México enfrenta un desafío similar: garantizar el libre tránsito, un derecho consagrado en el Artículo 11 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), que establece que “toda persona tiene derecho para entrar en la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad”.

La realidad contradice la norma. Las carreteras mexicanas son escenario de robos, extorsiones y bloqueos perpetrados por grupos criminales que operan con impunidad. Según datos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), en 2024 se registraron más de 8,000 robos a transportistas, un incremento del 10% respecto al año anterior. El INEGI reporta que el 70% de los transportistas considera inseguro circular por carreteras federales, especialmente en el estado de México, Puebla, Guanajuato y Michoacán.

¿Por qué hemos llegado a este punto? La respuesta es multifactorial: Fragmentación institucional, policías municipales y estatales con capacidades limitadas y altos niveles de corrupción. Impunidad estructural: más del 90% de los delitos no se denuncian o no se resuelven (INEGI, ENVIPE). Control territorial del crimen organizado: rutas estratégicas para el comercio y el narcotráfico son zonas de riesgo permanente.

La pregunta es inevitable: ¿qué necesitamos para recuperar el libre tránsito? La solución no pasa por replicar modelos medievales, sino por reconstruir un Estado moderno, eficiente y transparente, apoyado en tecnología y participación ciudadana, una Estrategia Nacional para el Libre Tránsito.

El arte interpreta la realidad, revisemos la lección de Alberto Cortés, sé que construyo castillos en el aire: “Quisovolar, igual que las gaviotas. Libre en el aire, por el aire libre y los demás, dijeron, jaja, ¡pobre idiota, no sabe que volar ¡es imposible!”

México está demandando corporaciones policiales profesionales, con salarios dignos y mecanismos de control interno y externo. No pontifico, sigo con mis castillos en el aire: creación de un organismo Nacional para el Libre Tránsito, integrado por las instituciones convergentes y ciudadanía.

Implemento de una política pública que contenga todos los vértices del problema con las tecnologías e Inteligencia Artificial adecuadas. Ahora que los C5 son publicidadpolítica. “La burra no era arisca, la hicieron,” dice el “pueblo bueno”. Un mando único en zonas críticas evitaría duplicidad y vacíos de autoridad. Además, establecer protocolos de reacción inmediata ante bloqueos y robos, y blindar corredores seguros para transporte de mercancías y turismo.

La sociedad no puede ser espectadora, desde luego, tiene un papel estelar en este elenco. La disrupción creativauna App nacional de denuncia segura con geolocalización.Comités comunitarios de seguridad en municipios estratégicos. Observatorios ciudadanos que publiquen informes trimestrales sobre avances y transparencia. Desde luego que la violencia en carreteras no se resolverá solo con fuerza. Es indispensable invertir en desarrollo económico y educativo, es urgente que la izuierdita deje de odiar al emprendedurismo y fortalecer el sistema educativo para enfrentar el crimen que controla rutas. Atender la violencia en sus causas ha sido un “choro”. El papel del poder legislativo es fundamental, este tema demanda reformas legales. Valdría la pena endurecer sanciones por delitos en carreteras y facultar a la Guardia Nacional para actuar de inmediato y mecanismos judiciales expeditos para garantizar el derecho constitucional al libre tránsito.

¿Por qué es urgente?, la respuesta demanda respuestas de Estado y ciudadanas pues el impacto económico es devastador. La Confederación de Cámaras Industriales (CONCAMIN) estima que los robos en carreteras generan pérdidas en miles de millones de pesos anuales. Afecta la competitividad y encarece productos básicos. En rutas turísticas limita el desarrollo regional y deteriora la imagen internacional del país.

Pero más allá de lo económico, está la dimensión social y democrática, cuando el Estado no garantiza la movilidad, cede terreno al crimen organizado y erosiona la confianza ciudadana. El libre tránsito no es un lujo; es la base para ejercer otros derechos como el trabajo, la educación y la salud.

Enfrentamos el desafío de recuperar el libre tránsito, ello exige voluntad política real, coordinación intergubernamental, tecnología avanzada y participación de la sociedad. No se trata de crear una nueva orden templaria, sino de consolidar un Estado de derecho funcional, capaz de garantizar que cada persona pueda recorrer el país sin miedo.El tiempo apremia, el crimen fortalece su control sobre los caminos, debilita la soberanía con subordinación.

La pregunta no es si podemos hacerlo, sino cuándo decidiremos hacerlo. “… y construyó ventanas fabulosas, llenas de luz de magia y de color y convocó al duende de las cosas. Que tiene mucho que ver con el amor…”

“¿O no?”